martes, 4 de marzo de 2008

Redención


Me salvaré
cuando se abran las puertas de tus ojos.
Cuando se haga la luz entre las grietas
profundas del remordimiento.
Me salvaré y cada culpa,
error,
cada pecado,
habrán quedado por siempre redimidos.

Entre tanto, aguarda conmigo
observando en cuclillas todos los naufragios,
imaginando el efecto de la luz
sobre nuestros antifaces enlutados.