"Mi muñeco vudú se perdió en la tormenta con mil alfileres clavados en mi corazón en venta, que nadie viene a comprarlo." Andrés Calamaro, Corazón en Venta.
Cuando dejé de leer biografías perdieron su luz las alacenas, y ahora vivo de las rentas de esos años en que todo era nuevo y admirable.
Cuando camino otras ciudades no quedan tantas cicatrices en la piel, y regreso al París de hace trece años. Y no era yo quien probaba cervezas de sabor imposible en Pigalle.
Cuándo dejó de lastimarme la desidia, me pregunto, y una niña con un diario entre las manos huye de la tormenta con sus labios gritando todo el silencio que acompaña las páginas en blanco del día de hoy.
¿Qué me separa de lo desconocido? ¿Cual es el peso de la distancia en la balanza del tiempo y el espacio?
No son kilómetros los que me alejan de los paisajes que sueño. Sólo son horas, senderos en lucha con las saetas, arena que huye de los relojes con las oportunidades perdidas.
Fíjate. Desde la minúscula ventanilla bate en burla su mano lo que se nos fue de vida.
No me gustan los semáforos de Barcelona. Mis piernas abrazaban tu “Liberty” y golpeándome con el casco me decías “tranquila, ahora los pillamos todos en verde”.
Entonces yo te cantaba al oído aquella canción.
Y era feliz. Y sonreía. Y Barcelona era una montaña rusa que propulsaba los sueños al infinito.
Pellizcaba tu cintura tomando conciencia de lo cierto.
Esta piel de tierra adentro, tan hecha al extremo de los termómetros, tan sabida de monte y cierzo, me reclama sal.
Volveré y estará el otoño cubriendo los restos del verano en los balcones. Esperando turno, paciente y amarillo, lento y melancólico, a la puerta de las ciudades.
Qué escribas la canción que narra cada escena de la película. Que hilvanes con su letra los pequeños triunfos de mis días. Que escuchar sea observarse en un espejo que asiente a mi mirada.
Golpea mis tímpanos con esa dulce canción susurrando solo aquello que hoy nadie estaría dispuesto a decirme.
Killing me softly with his song, versión Pitingo (Soulería)
Te habré estado esperando tantas veces en esta cafetería.
Esperando.
Esperando el puente de diciembre. Esperando que nos toque la lotería. Esperando que me nazca la obra maestra. Esperando un nuevo guiño del Euribor, o que se cumpla mi deseo de nochevieja.
Algún día preguntaré si he vivido o si esperé simplemente.