Habito un reducto de renta antigua,
donde pago con recuerdos cada jugada.
Y pensarás, quizá, que sale a cuenta
este negocio mío
mano a mano con la vida.
Pero cada día huye de mí a otros bolsillos
una postal,
un río,
un viejo lapicero.
Y se vacían de historias las alacenas.
Y en la memoria los huecos no tienen nombre.
La mariposa se deshace en alfileres
y paredes desnudas buscan colecciones.
Tengo que romper este contrato
trampa para necios y patanes.
Yo era esa postal.
Mío era el río.
Y ese viejo lapicero que soñaba.













