
Mas allá de la palabra
había un tren que partía de mis labios,
una intención que se moría
en el infranqueable muro de tus tímpanos.
En el fondo del plato,
de las letras que flotan en la sopa,
no pretendí conformar un jeroglífico.
Era tan fácil unir cada mirada,
sorber cada gesto,
escuchar con los ojos y saber
que te llamaba...
9 comentarios:
El tren que nunca llegaba...
Cuántas veces verdad?
Besos.
.. creo Elisa que cuando no se acude, por lo que sea (pueden haber tantos motivos..) a esa llamada esencial.. me parece a mi que a la sopa le falta, al menos, una pizca de sal.. es algo pequeño, pero es tanta la diferencia..
.. besitos para tu balcón..
porqué será que las palabras se nos olvidan cuando llegan los momentos importantes???
o peor que eso
no las escuchamos con el corazón atento
y sólo estamos amasando respuestas a nuestro monólogo cerrado...
muakismuakis
a veces las palabras son flechas que incendian el bosque...besos
Hya sopas de letras qeu parecen tratados filosóficos.
Besos
¿Llegaron las palabras o se quedaron flotando como las letras del plato?
Una metáfora exquisita.
Un besazo.
La palabra sobro la mayoría de las veces.
Siempre el poder de la palabra. Todos sabemos de qué son capaces, aun sin ser pronunciadas.
Me encantó Elisa.
Un beso.
Cuando algo así existe... suelen sobrar las palabras...
Pero si el sordo no lo ve, es mejor igualmente intentar GRITARLE, que quedarse en silencio para que solito lo deduzca... no?
Besotes! Cuídate.
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