Ahora toca relajarse y olvidar la ciudad.
Un besico poetas, y hasta la vuelta!


Te recuerdo la última primavera,
cuando temblaron tiernos los tallos
y en tus pupilas hicieron nido
las primeras golondrinas.
Te vestías las noches de esperanza
anudando cabos a tu historia,
y faltaba tiempo en los relojes
para amarrarse a todos los sueños
que guiñaban un ojo por la calle.
Trenzada esta primavera
al ébano caliente de los barandales,
sólo queda unir las claves y aprender
a hilvanar cuentos en toallas
y tapizar con mensajes las paredes.
©Elisa Berna Martínez


Mujeres como espantapájaros
donde acaban llegándose las mismas aves
a picotear los mismos ojos.
Mujeres como estercoleros.
Abrazadas por ratas que no entienden
de espacio ni de besos.
Callan.
Aguardan pacientes el cansancio
de sus verdugos ciegos.
Ahh, mujeres
a las que un único error
les marcó infinitamente
la piel a fuego.
©Elisa Berna Martínez
Puedo esperar
a que reviente la fruta adivinando
ya los trazos de tu boca.
A que colisionen dos cometas
compitiendo
por esbozar el borde roto de tu rasgo.
Puedo observar
desde el bastión que guarda mis victorias
la esfera celeste conformando
música que empuja a los planetas.
Y va rodando.
De sueño en sueño perfilando cada vértice.
Luego serás tú, ya como seas.
Y parecerá un cuento,
una patraña.
No, no, no.
En mis visiones ya te nombro y te acaricio.
Como fuere,
yo te creo.
©Elisa Berna Martínez

Llevamos fingiendo ya demasiado tiempo,
uno enfrente del otro,
como si fuese tan fácil levantarse de la cama
y observar de reojo el suelo
cubierto de cadáveres parlantes.
Tú pareces no escuchar nada,
y hago yo como que no oigo.
Y a la tapia de mis tímpanos comienzan
a faltarle buenos argumentos
para no atender al ruego descarnado
de ese atajo de despojos.
