El cierzo pelará los cabezos
y aullará un lamento antiguo, quizá
por boca de nosotros.
En aquella piedra rugen los nombres
que atesoran viejos
túmulos y huesos que son nuestros,
y me llama el trueno
y digo
que aquello que fuimos
no ha de ser piedra
donde tropiece el futuro.
Serpentea Íbero en el valle.
Sabe de yerros
y reincidencias.
7 comentarios:
¿Qué te pasó? ¿Qué comiste? De días para acá te lees más grande.
Me dio frío al leerte.
No sé si fue el cierzo, los huesos o esa proclama impresionante que has escrito.
Besos.
El misterio de las piedras... sí.
Besos!
Marian
Precioso y magnífico mensaje, el pasado será sustento, pero nunca obstáculo a nuestro futuro, me encantó.
Besos
Cómo escuchas al río reincidente
desligada de ti siendo más tú,
comprendiendo las voces de la piedra,
los siglos que en tu sangre se repiten y yerran, se repiten y avanzan, plural, profunda ibera, íbera única.
Hola Elisa, estoy un poco desbordado con exposiciones y conciertos. También estoy preparando un par de poemarios para publicar. En fin ...
Muchas gracias por acordarte de mí, en serio.
Me encanta esta parte tan orgánica de tu poema, esa naturaleza tan viva, casi autoconsciente. Tiene mucho de animista.
El río nunca se mueve, somos nosotros que pasamos por él.
Besos.
Las piedras vividas y el cierzo, una mezcla inevitablemente poética.
Besos.
Laura
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