
Te recuerdo la última primavera,
cuando temblaron tiernos los tallos
y en tus pupilas hicieron nido
las primeras golondrinas.
Te vestías las noches de esperanza
anudando cabos a tu historia,
y faltaba tiempo en los relojes
para amarrarse a todos los sueños
que guiñaban un ojo por la calle.
Trenzada esta primavera
al ébano caliente de los barandales,
sólo queda unir las claves y aprender
a hilvanar cuentos en toallas
y tapizar con mensajes las paredes.
©Elisa Berna Martínez




