No he venido a confesarme.
No era esa mi intención en un primer momento,
pero está todo en silencio
y esta casa eterna es un cementerio.
Antes de morir -me dije-
debo esconder la mano.
Vender a otros mi culpa,
cerrar mis ojos a tus ojos.
Así que, ya ves,
será otro día o será nunca,
pero hoy no he venido a confesarme.



