
Le quito el polvo a este poema. Pase el tiempo que pase, siempre podré aplicármelo.
De mármol.
¿Puedes creerlo?
Pese a todos los crepúsculos aquellos,
sobre los que crepitamos,
como duendes de la tarde
-tan valientes, tan furtivos-
náufragos de luz e incandescencia.
No pesaron suficiente esas madrugadas
con el tiempo apurado y fugaz
como centellas...
Ni valió la calidez de los incendios,
la combustión en las bocas,
la quemazón de los cuerpos...
Debió ser de puntillas que rocé aquellos fuegos.
Pese a todo.
Sí.
¿Puedes creerlo?
Ellos me dieron un alma de mármol.
5 comentarios:
Hay fuegos que queman desde la distancia...
Bella metáfora. Abrazos.
elisa
que preciosidad todo el poema es una sola Metáfora que se adentra en el pensadero y con esos destellos de tu pluma nos devela su misterio
FELICITACIONES!!
besitos de luz
El poema es buenísimo.
Pero no te creo.
Tú no tendrás alma de mármol nunca.
Besos.
Habrá que ir a las canteras y buscar las pócimas sagradas.
El mármol es al alma como el sol es al espacio.
SL
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