
Alguna vez pensé que llegaría lento,
que escucharía a lo lejos el silbato de un tren
adormilado, o el silbido de un anciano de pies cansados.
Delicado y suave,
como se posa una pluma en el alféizar,
imaginé que, tal vez, aparecería
con mil lecciones aprendidas, de regalo.
Y por más que quise no estuve prevenida,
ni advertí señal, ni cumplió algún plazo.
Fue mirarse al espejo un día y ver
al tiempo lanzando sus dardos contra mí
absolutamente por sorpresa.
4 comentarios:
.. que dificil es prevenir los sucesos de la vida.. sobre todo aquellos de los que vale más la pena aprender sus mejores lecciones.. en el amor y el desamor hay que aprender.. porque realmente nunca nuestra imaginación parece estar preparada..
.. desde mis colinas solitarias para vuestro balcón..
...la vida es así, sucede sin advertencias...
encantada de conocer vuestro reino de 50 metros.
un saludo.
Cuanta verdad, por mucho que sepamos de memoria la teoria luego a la práctiva solemos olvidarla, además que la vida cada día nos depara una sorpresa, para bien o para mal.
besotes
Sorprende la vida....Que lindo blog me gusta.
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