Habíamos acordado
tú y yo, recientemente,
verter la letra de adentro hacia fuera
como si no ardiera agosto todavía
en mi espalda escamada,
o al vomitar no rasgara aquel rosario
cuenta a cuenta la boca del estómago.
Al final hay que volver y tropezarse
con las calles sitiadas de resacas
y rodar los adoquines infelices
que propugnaran ciertas rebeliones.
Si solamente hubiésemos pactado
lacrar la puerta del invierno,
llegar tarde a las citas de trabajo,
visitar al director del banco con la nómina
al cero y un ramo de flores en la mano...
Pero hemos perdido, y he vuelto
a acoplarme a mi fantasma de las 7:00.
Y la inercia guiará cada mañana
mis pasos de cordero silenciado
olvidando en el resabiado camino
sonrisas y pactos imposibles.
7 comentarios:
Gracias por el comentario en Contrapoeticam, aunque con el perfil no disponible, me costó saber que eras tú quien lo había hecho.
Saludos.
.. precioso..
.. me sigue encantando como describes situaciones que comprendo y reconozco..
.. un beso..
Muy bueno Elisa, es una delicia leer de esos pactos que todos hacemos y que invariablemente rompemos, cuando los describes tú.
Besos.
Preciso. Es un poema sensacional. Lleno de contenido. Se le sale entre los versos, apretados, muy apretados.
Al final, ese regusto amargo... esa realidad.
Un abrazo,
Laura
Ojalá que resista tu mirada
libre el paso y el peso de las horas
digitales, las cuentas incontables
del ábaco que agobia boca abajo.
He venido a este espacio atraído por la torre mudéjar de "El Salvador" que tanto significa para mí, pero me he encontrado con la grata sorpresa de que aquí hay poesía y muy buena.
Felicidades y un cordial saluso
¿y por qué no respondes
las respuestas?
Publicar un comentario