lunes, 12 de enero de 2009

Rastro de metralla


Por más que maquillemos el rostro,
o cosamos a la piel hileras de lentejuelas...
en el corazón perdura
la huella de la metralla.
¿De qué batalla es la última
cicatriz infinita que te cubre?

15 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Para la metralla no hay caretas.

Excelente.

Besos.

Sofía B. dijo...

Tal vez ni siquiera importe la batalla, sólo las heridas no curadas.

Besos

P.D. Pedazo de foto de la torre

Fernando dijo...

hay batallas que no se ven y sin embargo dejan cicatrices para siempre...el blanco es por la nieve??..besos.

Jacinto Deleble Garea dijo...

***






Muy hermoso... y triste.

Recuerdo haber visto en televisión este año pasado un reportaje (justamente el día 25 de diciembre, creo) en el que un niño vendía a los turistas golosinas y pequeños juguetes en la plaza de Belén (donde aseguran que está el famoso portal) para comprarse con los escasos beneficios ropa. Ésta es una de mis últimas esquirlas de metralla... Y, desgraciadamente (¡tú lo has sabido expresar tan bien!), es infinita.

A veces dan ganas de que sea cierto el dicho éste de: "el mundo es un pañuelo", pero sólo para poder meterle fuego por los cuatro costados...

En fin, no es mi intención deprimir a nadie.

Un abrazo, Elisa.

Me encantó el poema.






***

Anónimo dijo...

La metralla del nacimiento, la única metralla.

P.D.: Genial el cambio de look.

Giovanni-Collazos dijo...

Poema con mucha fuerza. Encierra en sí, una herida, qué me parece se curará lo más pronto posible.

Me gusta el cambio del blog.

Te sigo siempre, aunque no suela dejar mi huella.

Un beso.

Gio.

Marian Raméntol dijo...

Todos llevamos nuestra dosis de metralla a cuestas... todos.

Mi abrazo
Marian

Anónimo dijo...

las batallas, batallas con nombre de mujer han ido de a poco corriendo mi maquillaje...

cómo eliminarlas de los libros de nuestra historia?

mia dijo...

Supremo!!!

Óptimo,

besos

© José A. Socorro-Noray dijo...

Sólo seis versos para un poema inmenso, sublime.


Hay cicatrices tan hondas,
tan profundas y oscuras,
sin huellas de metralla,
esa son las peores.


Un abrazo

thoti dijo...

.. cuando la herida está cerrada.. que permanezca la cicatriz a flor de piel.. como recuerdo, constancia y evidencia.. de lo que firmemente rechazamos..

.. besos, Elisa, hasta la altura de tu nuevo balcón..

Kafda Vergara dijo...

Este poema me toca, nos toca a todos los que nos atrevemos a tener memoria.

¿Esta emotiva esquina dónde queda?

Los maquillajes de la historia no tapan el dolor. al contrario, los acrecenta.

Me gusta los cambios del blog, sobre todo la hermosa foto de bienvenida.

Gracias por tu apoyo y tus palabras. Me alegro que estemos siempre aquí.

Esta voz sigue soplando.

galmar dijo...

Creo que todos necesitamos una venda, pero sólo para las heridas, no para los ojos, esos, los tenemos que tener bien abiertos, y conectados a nuestras voces y lápices. Me gusta tu selección musical :) Un saludo nocturno!

Jj dijo...

Vengo de ahí, regresé a casa, tu casa: http://www.aekana.net23.net

Anónimo dijo...

Somos lo que hemos vivido, lo que hemos sufrido. Y venimos de donde venimos. Siempre quedan heridas abiertas o rastros de metralla.
Buena foto.
Besos, Elisa