
Porque hay días que pesan,
como pesan las fronteras en los refugiados.
Días que cargan los calendarios
arrastrando, henchidas, las hojas nuevas.
Porque hay días que tumban los relojes
y terminan por ceder las alacenas,
y tú acabas por firmar declaraciones
falsas, que condenan a las horas sin coartada.
*
*
Ahora que estamos compartiendo,
dime
si laten tus sienes bajo el peso
grave de esas fechas que se tachan.
Orondos e infinitos languidecen
-lloriquean-
y se niegan en el fondo a abandonarnos.

















