La noche en La Habana es de cascarilla.
Tus pedazos calientes frente al mar tendidos
sudan la nostalgia de la luz.
Y sin embargo, nada se embarca a tu horizonte.
Arrojan tus hijos los ojos contra El Malecón
vaticinando los rasgos de otra musa,
mientras la noche merma sin cesar
el escorchado corazón de La Habana.
Tus pedazos calientes frente al mar tendidos
sudan la nostalgia de la luz.
Y sin embargo, nada se embarca a tu horizonte.
Arrojan tus hijos los ojos contra El Malecón
vaticinando los rasgos de otra musa,
mientras la noche merma sin cesar
el escorchado corazón de La Habana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario