La próxima vez no engulliré mi aullido.
Prometo rezar,
hincarme ante una luna enredada
al vértice último de los campanarios.
Y aplacar el hambre,
la apetencia torpe e incauta
de este deseo licántropo.
La próxima vez
pondré fin de una vez a la contienda
que libran sangre y plata en los cauces
de mis arterias.
Y podrás decir que atendí
a un instinto extinto que devoraba
a dentelladas todas
las lunas llenas de la historia.
Y jamás engullía sus aullidos.
11 comentarios:
Y la santa victoria hará el regocijo de tus nuevos amaneceres.
Damos fe de aquello.
Abrazos.
aulla...lobos en el páramo...
como advertencia...
buen poema
Las lunas llenas de la historia, dejadas ahí, como por descuido, en un perfecto equilibrio..
Un beso
Marian
Cómo te superas!
Es delicia tu poema!
beso
Rezarle a la luna me parece muy bello.
Besos.
Bravo... que nunca más se engullan los aullidos.
Bellas lunas para vos, y muchas.
Un abrazo!
No hay que engullir. Y menos aullidos. Es fácil decirlo, lo sé, pero es mejor no dejarse nada dentro.
Me ha gustado ese juego con la licantropía en el poema.
Siempre original y algo críptica.
Muchos besos
Buen blog!
Precioso y apasionado poema, habrá que compartir y sentir todos esos aullidos.
Un besazo.
Bom blog. Entrei por casualidade e gostei.Voltarei mais vezes.
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