
Se me va escurriendo la semana
rápida como la fiebre
rápida, ascendiendo al cúlmen
de los termómetros.
Y en la espiral de celulosa,
de aguja estriada en el pecho,
de vasos efervescentes,
el tiempo ha dejado de ser tiempo
para transformarse en limbo,
sin término ni tregua,
sin fecha prefijada
de alta en el corazón.







