Deja que recoja mi casa.
Aliste la ropa.
Ordene mis libros.
Da tiempo a que escurra
lenta la última vivencia
por las saetas
húmedas de la tarde.
Después prometo
acurrucarme en tu bolsillo,
cerrar las puertas
y cantarte,
por fin,
la primera nana.
©Elisa Berna Martínez













