
Como si en la manga guardase el día una esperanza,
o quedasen palomas que sacar de la chistera
de algún mago triste en busca de varita,
los adoquines añoran la chispa de su magia.
La tarde ha salido desnuda a los balcones,
el hombre ha tendido sin pinzas toda duda.
Por las fachadas ruedan los últimos fracasos
que tejen los acordes de una canción hipnótica.
Como si por las grietas de una ciudad dormida
se colasen los sueños de aquellos que no duermen
camino entre los huesos posados en los baches
para ponerle un nombre a todos los perdidos,
para olvidar el ruido que emiten los cadáveres.
Tú tendrás la clave.
Yo no confundí el rumbo,
pero enloquecen pájaros ebrios de cristales.
Cuando al fin se diluyan los rastros de esta guerra
desmontará la noche
coartadas y argumentos.