Salvador Dalí, 1931
Llevamos fingiendo ya demasiado tiempo,
uno enfrente del otro,
como si fuese tan fácil levantarse de la cama
y observar de reojo el suelo
cubierto de cadáveres parlantes.
Tú pareces no escuchar nada,
y hago yo como que no oigo.
Y a la tapia de mis tímpanos comienzan
a faltarle buenos argumentos
para no atender al ruego descarnado
de ese atajo de despojos.
©Elisa Berna Martínez





