MIEDO
y dejar que dude el seso,
y tiemblen las piernas del mañana.
Alfileres de hielo
o certeros aguijones horadan
el cuero de la tarde
inyectando miedo y más miedo.
Paralizando de cuajo
cualquier nuevo pensamiento.
Y sólo miedo.
Miedo insuflado
por los ramales de la sangre.
Miedo.
Horas sin certeza.
Tiempo amontonado.
Y muchas noches por delante.
©Elisa Berna Martínez












